LA BODEGA

Se confrontan en una visión las correspondencias y divergencias imaginadas por Kinga y Anatoly Stolnikoff para esta imagen de presentación. Frente a las viñas se alza el encaje tejido en acero de los sarmientos de la “Cepa de Noé”, la puerta escultural que preside el acceso a la nueva bodega. Al traspasar este umbral monumental sorprende la belleza de los volúmenes de la nave central, que reúne con su aérea modernidad los edificios originales para albergar la sala de cubas y las bodegas.

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Nuestros ojos asumen poco a poco las dimensiones del edificio. La horizontalidad de las hileras de barricas juega con la verticalidad de los pilares metálicos. Estos sostienen, como enormes árboles, la estructura de este gran templo pagano consagrado al arte de componer vino. En la sala de cubas descubrimos fascinados la sobriedad de sus 37 cubas de hormigón mate, diseñadas para responder a las exigencias específicas de cada parcela. La sensualidad de estas curvas incitan a la caricia de la mirada.

Los ojos se posan sobre cada elemento de esta unidad en la que tecnicidad y materiales se encuentran al servicio de una vinificación precisa, natural y homogénea. La inmensidad del lugar esconde otras muchas invitaciones a la contemplación. El rojo vivo de la gran tela en la entrada retiene la mirada del visitante, que recae más adelante en el oro y las transparencias de un antiguo espejo, para acabar atrapada, arriba, por una espléndida mesa puesta con todo detalle.

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