MULTICULTURALISMO

Babel del vino, Kirwan resuena desde siempre con sonoridades llegadas de lejos. La apertura al mundo se encuentra en la raíz misma de la historia de la propiedad, acunada por diversas influencias desde su origen. En el siglo XVIII, las tierras de este viñedo de Cantenac pasan de las manos de Sir John Collingwood, uno de los primeros negociantes ingleses de Burdeos, a las del comerciante irlandés Mark Kirwan. Este amplía el viñedo y lo bautiza con su propio nombre para dar a sus vinos una sonoridad más identificable y facilitar su comercialización en el extranjero.

Al convertirse en el siguiente siglo en propiedad de la familia Godard su nombre sigue susurrándose con los variados acentos de sus numerosos visitantes.
Porque es en Kirwan donde Camille Godard, por entonces Alcalde de Burdeos, recibe a los invitados de honor de la ciudad, para los que acondiciona los jardines y ordena la construcción del ferrocarril que une la propiedad con la capital girondina.

En 1925, la empresa de comercialización Schröder et Schÿler, establecida en Burdeos desde 1739, adquiere el Château Kirwan. La propiedad se enriquece con nuevas influencias. La familia Schÿler, de origen hanseático, dirige desde entonces el destino de estos vinos, que se lanzan a la conquista de nuevos territorios. En la segunda mitad del siglo XX, a la Europa central se suman el Norte de Europa, Norteamérica y Japón.

Los Schÿler, cónsules de Dinamarca en Burdeos desde hace varias generaciones, perpetúan la tradición de apertura y de acogida de la propiedad al invitar a su mesa a ilustres huéspedes, entre los cuales puede citarse a la Reina Margrethe y a su esposo, Henri de Monpezat, en 1986. Los vinos de Kirwan, servidos hoy en las mesas de los cinco continentes, siguen atrayendo a los aficionados de todo el mundo, manteniendo y prolongando así la vocación internacional de la marca.

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