LOS VINOS

En Kirwan el vino es el centro de todo. Cada cosecha, depositaria de un año de cuidados y atenciones en el viñedo, es una revelación. Tras los largos meses de envejecimiento llega el tiempo de la cata, con sus momentos de impaciencia y esperanza. Gestos inmutables de un ritual en el que se revelan los aromas del nuevo néctar. Aquí el ojo va por delante de la nariz.

Los vinos deben descubrirse primero con la mirada, en la complejidad de sus capas. Hay que pararse a acariciar con los ojos el terciopelo que los viste. Dejarse acunar por sus oscilaciones en la copa, donde se revelan el brillo de un rojo rubí o bermejo, la intensidad de un carmín o de una púrpura, o la profundidad de un granate casi negro, atravesado en un destello por una pincelada de ocre. Luego, en boca, saborear plenamente ese instante en el que los vinos se manifiestan al fin.

Encontrar ese ataque delicado y suave, seguido del encaje de aromas tan característico del Margaux. Fruta madura, delicadas notas de especias, vainilla o baya rosa, suavidad de los taninos, aromas y matices que varían en cada cosecha. Cabernet Sauvignon y Petit Verdot confieren al gran vino de Kirwan una boca estructurada compleja y potente, complementada por la redondez del Merlot y la delicadeza del Cabernet Franc. El segundo vino, Charmes de Kirwan, más fresco, redondo y ligero, despliega unos aromas esencialmente afrutados.

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