El parque

Kirwan también es conocido por su parque de dos hectáreas, mosaico de colores y placeres olfativos. Diseñado en el siglo XIX por Camille Godard, se despliega entre los pasillos de agua de su vivero y la magnífica reja que circunda el recinto. Es sorprendente la riqueza de sus perfumes, sutiles y familiares. Las suaves notas cítricas de los mandarinos de la entrada y el olor a hierba recién cortada se adelantan a los efluvios mágicos de los lirios blancos y las matas de lavanda.

Del cenador de rosales, que se alza majestuoso ante el château, se desprende una suave y almizclada fragancia. Especies raras, recortados macizos y múltiples estatuas de variados estilos componen este conjunto, galardonado en varias ocasiones, y objeto de todas las atenciones de la familia Schÿler desde principios del siglo pasado.

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Los ojos se posan sobre cada elemento de esta unidad en la que tecnicidad y materiales se encuentran al servicio de una vinificación precisa, natural y homogénea. La inmensidad del lugar esconde otras muchas invitaciones a la contemplación. El rojo vivo de la gran tela en la entrada retiene la mirada del visitante, que recae más adelante en el oro y las transparencias de un antiguo espejo, para acabar atrapada, arriba, por una espléndida mesa puesta con todo detalle.

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