EL CHÂTEAU

Las piedras blancas del château surgen tras el parque y las transparencias del invernadero, instalado en el límite del jardín, solo a unos pasos de la terraza. La mirada queda prendida en las líneas clásicas de esta cartuja. El edificio, aposentado entre dos promontorios de viñas, destaca por su equilibrio y armonía, tras la modificación efectuada por Mark Kirwan a finales del siglo XVIII.

Los arcos de las puertas y ventanales centrales y los lucernarios de la cubierta suavizan la austeridad de las pizarras del tejado y la rectitud de sus altos postigos blancos.
La balaustrada de la escalinata, con sus motivos calados, juega también con la alternancia de rectas y curvas.

Una armoniosa simetría se desprende de esta mansión de modestas dimensiones. Dos arcos de piedra, símbolos de la hospitalidad de sus dueños, enmarcan el château y dan entrada a la propiedad y a todo lo demás.

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